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Informe de la misión de observadores internacionales que acompañaron a la 5ª Comisión de Activistas Saharauis de Derechos Humanos en su regreso a los Territorios ocupados del Sáhara Occidental, después de visitar los Campamentos de Refugiados Saharauis

El Aaiun, Sáhara Occidental - 07 al 10 de junio 2010

El pueblo saharaui, tanto en los campamentos de refugiadas y refugiados en Tindouf (Argelia) como en el Sáhara Occidental ocupado por Marruecos, sigue luchando de modo pacífico por su autodeterminación e independencia. En este momento uno de los objetivos desde el Sáhara Occidental ocupado por Marruecos es poder visitar a sus familias en los Campamentos, ejerciendo el derecho a la libre circulación, lo que les es negado sistemáticamente por las autoridades marroquís, y, además, demostrar al mundo que el pueblo saharaui es uno - tanto la población que está en los territorios ocupados del Sáhara Occidental, como quienes viven en la zona sur de Marruecos, en territorio también saharaui ocupado por Marruecos, como las y los refugiados en el exilio en Argelia y en los territorios liberados - con un objetivo común, la autodeterminación y la independencia, reconociendo al Polisario como la autoridad legítima que representa a todo el pueblo saharaui.

En Octubre de 2009, 7 activistas saharauis de la zona ocupada viajaron a los Campamentos de refugiados y refugiadas saharauis ubicados en Tindouf (Argelia) y a la vuelta a El Aaiún fueron torturados y detenidos bajo la acusación de sedición, por lo que van a ser juzgados en Consejo de Guerra, lo que en Marruecos supone una condena de pena de muerte. 4 de ellos han sido excarcelados: la única mujer del grupo porque presentaba signos de demencia, producto de las torturas, y otros tres fueron excarcelados la pasada semana, tras una larga huelga de hambre y por las presiones internacionales, pero tres más siguen en las cárcel marroquí, sin que se sepa que va a ser de ellos.

Pues bien, con posterioridad a este hecho, y con el fin de seguir reivindicando los tres objetivos que se señalan al principio, desde una óptica de resistencia civil y de modo totalmente pacífico ausente de cualquier violencia, han continuado saliendo desde las zonas ocupadas del Sahara Occidental grupos de hombres y mujeres a los Campamentos, en el intento de conseguir, aún con mucho sufrimiento, al menos esta pequeña parcela de libertad.

Cinco han sido las veces en que han organizado estas delegaciones. Tras la primera, con la presencia de personas de otros países que les acompañaban como observadoras en el momento de entrar en El Aaiún, y, probablemente por la repercusión internacional que tuvo el caso de Aminetu Haidar en el que quedó al descubierto la represión marroquí contra la población saharaui, no se han producido detenciones de activistas, aunque sí a su llegada cargas de la policía contra las y los saharauis que les esperaban.

La última, hasta el momento, delegación de activistas, la V, que han viajado a los Campamentos lo ha hecho en las dos semanas anteriores al 7 de junio en que han vuelto a El Aaiún. En este caso, 9 saharauis han viajado a los campamentos, 6 hombres y 3 mujeres -todos han sufrido la represión marroquí en sus propias personas. Uno de ellos Sluh Delal estuvo, como una hermana y un hermano suyo, desaparecido durante 11 años en cárceles marroquís sin que nadie supiera su paradero - el resto, aun a pesar de su juventud en algunos casos, han sufrido directamente la dureza del régimen policial marroquí, con detenciones arbitrarias, torturas y cárcel. Estas personas son:

- Mohamed Sluh Delal
- Fatimate Elheraeh
- Hassana Aalia
- Abdelkhalik El Marhi
- Lela Lili
- Hassana Badi
- Mohamed Ali Sidzen
- Fadala
- Ndour Mohamed Rachid

Como observadores de lo que podía sucederles a su llegada a Casablanca y, sobre todo, posteriormente al llegar a El Aaiún, nos desplazamos 8 personas, 7 del Estado español y un británico, Joel Lopez-Ferreira. Del Estado español: Alberto Suarez Montiel, de Asturias, Damián López López de Córdoba; Cristina Martínez Benítez de Lugo de Madrid; Juan A. Lisbona Nogedal de Málaga; José Carlos Muñoz Romero de Huelva y; Enrike Lertxundi e Itziar Fernandez Mendizabal de Euskal Herria.

Fuimos testigos presenciales del registro exhaustivo que se efectuó a las y los saharauis en el aeropuerto porque, a pesar de que la policía marroquí pretendía que saliéramos del aeropuerto sin las personas saharauis, nos mostramos firmes y sólo salimos cuando al grupo saharaui también le dejaron salir.

De allí nos fuimos con el grupo de la delegación saharaui a Hay Matalah, el barrio saharaui más activo en la reivindicación de sus derechos y escenario de la intifada saharaui, donde la policía ya no se anduvo con txikitas y cargo contra la gente que esperaba a las y los activistas con dureza, así como a las personas de la delegación que había viajado a los Campamentos y a quienes les acompañábamos como observadores, que fuimos objeto también de los golpes policiales de los que nuestras moraduras dan fe. No obstante, y a pesar de esta carga policial, pudimos entrar en la casa de uno de ellos donde se les efectuó un recibimiento impresionante por parte de un grupo numeroso de hombres y mujeres saharauis que les aperaban impacientes, con temor por lo que les podía suceder y con alegría inmensa al verles llegar a las tres mujeres y los seis hombres de la delegación sanos y salvos.

Lo que hemos podido comprobar hasta el momento, a 8 de junio, es que esta zona de El Aaiún, y por lo que nos cuentan todo el Sáhara Occidental, está totalmente tomada por la policía. Sus estrechas calles están vigiladas constantemente por uno o dos furgones de policías, además de por coches sin identificación y muchos policías de paisano, de modo que es imposible efectuar un solo movimiento sin que ésta lo sepa, como dice Enrike Lertxundi, es como si todo el tiempo estuviéramos en una enorme comisaría.

Ya en el momento del recibimiento tuvimos ocasión de conocer a hombres y mujeres que han sido víctimas de esta represión sistemática en que vive el pueblo saharaui en su propio territorio. Eran decenas las personas que nos relataban las torturas que han sufrido en las cárceles marroquís donde han estado encarceladas entre 5, 10, 18 y más años, en el caso de muchas de ellas habiendo pasado 4 de esos años todo el tiempo con los ojos vendados y en unas condiciones infrahumanas.

Resulta impresionante escuchar sus testimonios y conocer todo lo que están padeciendo y ver cómo, a pesar de todo esto, siguen en la brecha luchando por ensanchar sus derechos y con un objetivo claro: la autodeterminación e independencia de su pueblo y el poder vivir en un Sáhara libre, como les corresponde por derecho propio y como está reconocido por todo el Derecho Internacional y las propias Resoluciones de la ONU reconoce.

Un pasito más que se ha dado estos días, modesto, pero importante para su causa, ha sido el que quienes estamos aquí como observadores nos hayamos quedado a vivir con las familias saharauis, en lugar de ir a un hotel como ha pretendido la policía marroquí en todo momento, vigilando cada uno de nuestros pasos e “invitándonos”, de modo intimidatorio, continuamente a ir a un hotel, a lo que no hemos accedido. Estamos dispersos en distintas casas de familias saharauis, aunque sin ninguna seguridad de que de un momento a otro la policía irrumpa en la casa donde se nos cobija y nos obligue a ir a un hotel o, incluso, que nos obligue a abandonar no solo el Sáhara Occidental, sino también Marruecos.

El pueblo saharaui, en su larga lucha que dura ya más de 35 años -desde que el Estado español abandonó la colonia dejándolos indefensos ante Marruecos que entró a ocupar a fuego y sangre todo el territorio del Sáhara Occidental, muy rico en pesca, fosfatos y otro tipo de minerales- sigue necesitando que personas de otros países les acompañen en estas acciones de resistencia civil pacífica que les permita ejercer mínimamente sus derechos. Este pueblo continua necesitando de la solidaridad internacional para conseguir su justo objetivo de vivir libremente en su territorio, como un país soberano regido por un Gobierno propio elegido democráticamente por las y los saharauis.

2ª PARTE
Día 8 de junio de 2010

Este día por la mañana, las personas que estamos como observadoras la pasamos con la familia que nos ha acogido, recibiendo numerosas visitas de saharauis que quieren mostrarnos su agradecimiento por nuestra presencia y contarnos sus vivencias, que en todos los casos resultan terribles debido a la represión y acoso a la que es sometida la población saharaui, así como a su situación social, con imposibilidad de trabajar e, incluso, de estudiar pues a estudiantes brillantes se les suspende de modo que no puedan acceder a estudios superiores que les posibilite una mayor formación, salvo que estén dispuestos a trasladarse a otra zona de Marruecos donde el régimen les proporcionaría casa y trabajo, con el fin de integrarse dentro de la sociedad marroquí y olvidar su cultura y, sobre todo, sus reivindicaciones políticas como pueblo.

¡Cómo no! también recibimos la “visita” de la policía, insistiendo, de mejor o peor manera que de todo ha habido, en que pasemos por Comisaría y nos traslademos a un hotel. Nuestra respuesta es que, ya que saben perfectamente con que familia nos alojamos cada una de las personas que estamos como observadoras, por lo que no es necesario que vayamos a declarar a Comisaría y que, en todo caso, nos lleven ellos. A esto último se niegan, porque está claro que no les interesa dar la imagen de la realidad, que no es otra sino la de un Estado policial en el que se niega a las y los saharauis incluso la posibilidad de convivir con personas de otros países, de modo que no puedan contarnos su situación.